febrero 24, 2016

Clientes Análogos.


Todos los que tengamos más de 20 años hemos tenido que adaptarnos rápidamente a la velocidad del mundo digital. Eso no es nuevo. Le ha pasado a todas las generaciones mientras la raza humana ha ido ampliando sus fronteras con la tecnología y el entendimiento de su mundo. Mi padre no sabe manejar Twitter, no lo entiende. Pero cuando nació no existían ni las neveras ni los bolígrafos y los carros eran escasos y exclusivos. Y aún vive, así que el salto tecnológico que él ha tenido que dar es muy difícil de manejar. Pero ahí va.

Las marcas, también en esto se parecen a las personas... (Leer más)

Pre-Millenials


Hace unas semanas empecé a colaborar semanalmente con una Revista Digital. Un ejercicio de escritura constante y obligatoria que quería adquirir. En estas colaboraciones hablaré de mi experiencia como creativo publicitario y lo que ha sido el choque con la aparición del mundo digital.
Esta es Revista Robot, y éste es el primer artículo:


PRE-MILLENNIALS.

Nací en los últimos coletazos de la década de los 60. Hace un siglo (dirán muchos, aunque inexacto, pero casi). No usé cinturón de seguridad de pequeño en el carro, mi padre me fumaba en la angelical cara de 4 años sin ningún reparo y no tuve computadora propia sino hasta después de haberme graduado en la universidad (1992).

En el 90 empecé a trabajar en una agencia de publicidad y, a pesar de estar estudiando Comunicación Social, entré porque dibujaba. Eso, tener la habilidad de dibujar, con lápiz, a mano y ese tipo de cosas, todavía era tan valioso como para ayudar a colarme en el departamento creativo... (Leer más)

febrero 23, 2016

CON BORGES EN EL METRO.

Hoy a las 12.15 P.M. en un vagón de la línea rosada, en el trayecto entre Sevilla y Tacubaya, me tocó sentarme junto a un señor al que creí reconocer. De unos 75 años bien llevados. Elegantemente vestido con su traje gris y corbata negra. El pelo canoso engominado hacia atrás. Los ojos claros fijos al frente como si pudiera asomarse al vagón de más atrás. Me le quedé mirando sin disimulo hasta que logré incomodarlo, tanto que en un punto me tuvo que decir: “Espero que no se le haya perdido un viejo feo como yo”. Le dije que disculpara, que se me parecía mucho a alguien: “¿Nunca le han dicho que se parece mucho a Borges?”. El señor me mira con cara de tener la menor idea de qué estoy hablando, así que caigo en balbuceos para explicarme más de la cuenta: “Borges… Jorge Luis Borges… el escritor argentino, era así, más o menos de su estilo…” (logro arrepentirme a último segundo antes de soltarle que era ciego y embarrarla todavía más). Me sigue mirando con la misma cara de no entender nada y yo me quiero morir de la vergüenza. Me callo, paso el resto del trayecto regañándome mentalmente por estar mirando a la gente con semejante descaro y además intentar darles explicaciones.

El metro se detiene en la estación de Juanacatlán, el señor me hace señas de que se baja aquí. Cuando le cedo el paso, todavía con mi sonrisa avergonzada, el viejo me dice: espero que llegue usted a su casa bien, no se vaya a perder en las ruinas circulares o en el laberinto de Asterión.

Se abren las puertas, el hombre se aleja por el andén. Le miro apenas la nuca pero sé, lo sé, que se va riendo. 
Hoy me subí con Borges en el metro.

Textos: Jose Urriola. Ilustraciones: Ricardo Cie.

ACÉFALO EN LA ESTÉTICA.

Hoy a las 9.10 de la mañana, en la calle Plinio, pasé por enfrente de eso que antes llamaban peluquería pero que ahora prefieren decirle “estética”. El lugar se encontraba desierto a esa hora, excepto por una mujer que le secaba y peinaba rabiosamente el pelo a otra. Lo hacía con tal violencia que la cabeza de la peinada se tambaleaba, amenazaba con desprenderse en cada golpe de cepillo y cada ráfaga de aire caliente. Y en ese momento, justo cuando me pasaba frente al ventanal, ocurrió lo inevitable: la cabeza cedió y se levantó por los aires, salió volando desprendida del cuerpo. Sólo entonces descubrí que la víctima de la belleza era un maniquí; con su cara tan maquillada, su peluca de un color imposible -ahora sin vida, sobre el piso, dos metros más allá-, y ese cuerpo desnudo y acéfalo, todavía sentado en la silla, esperando que lo terminaran de peinar para ponerse a trabajar.

Textos: Jose Urriola. Ilustraciones: Ricardo Cie.

INFLUENCIAS DE LA REPOSTERÍA.

Hoy, 9:00 am en el Paseo de la Reforma, vi a una señora que tenía exactamente el mismo peinado que su perro poodle. Eran una obra de arte ambulante como hecha de azúcar y claras de huevo batidas, cosa que me dejó pensando en las influencias enormes que ha tenido la repostería en la estética.

Textos: Jose Urriola. Ilustraciones: Ricardo Cie.

LA REBELIÓN DE LOS OBJETOS INANIMADOS.

Acaba de ocurrir en la calle Newton: ante los ojos de todos los presentes en el lugar, a las 9:45, una bolsa plástica levantada por el viento se le fue directo a la cara a un tipo. Fueron largos segundos de batalla, confusión y angustia. Casi lo asfixia. El hombre tuvo que luchar con todas sus fuerzas y toda su desesperación. Cuando finalmente logró arrojar la bolsa asesina al suelo tenía la cara roja y en los ojos se le dibujaba el pánico en su forma más pura. Él lo sabía. Lo sabíamos todos. La rebelión de los objetos inanimados había comenzado. Quién sabe, a lo mejor ellos lo saben hacer mucho mejor que nosotros.

Textos: Jose Urriola. Ilustraciones: Ricardo Cie.

LAVADO.

Ayer, a las 4.25 pm, en la esquina de Orizaba con el Parque Río de Janeiro, me crucé con un “viene-viene” que se disponía a lavar un coche.  El tipo agarra un balde de agua oscura mezclada con jabón y tomando todo el impulso del mundo la lanza sobre el coche que será víctima de la limpieza. Pero es tal la fuerza con la que arroja el agua que ésta dibuja una curva imposible, le pasa por encima al auto y va a caer del otro lado justamente sobre la cabeza de un joven que pasea a su perro. El muchacho, muy educado –se nota que está en esas edades de la adolescencia en la que absolutamente todo nos da pena-, se hace el desentendido: “aquí no ha pasado nada” a pesar de que está escurriendo litros de agua de la cabeza a los pies. El “viene-viene” asume una actitud idéntica: “¿quién aventó ese balde de agua sucia? ¿Yooo?”. El único que ha reaccionado es el perro, tiene todo el pelo aplastado contra el cuerpo y del hocico le cuelga una baba jabonosa que se lame con la lengua enorme. El joven y su perro siguen su camino, el lavador de coches continúa su tarea sobre un auto absolutamente seco. Yo también sigo de largo, imperturbable, hasta que el perro decide sacudirse con furia justo cuando me pasa al lado. Me rocía de eso mismo que hasta hace segundos tenía chorreando del hocico… pero yo sigo derecho, como si nada. Es que es muy feo eso de ser el único que rompe con la armonía del lugar.


Texto: Jose Urriola  Ilustraciones: Ricardo Cie

junio 13, 2014

Venezuela. Somos Leyenda.


Como Will Smith, o mejor dicho, como Robert Neville, sobrevivimos en este país devastado buscando (algunos) - esperando (los más) una cura, una esperanza, un resquicio de optimismo para creer que podemos llegar al siglo XXI, reparar los daños, reconstruir el hogar.

Estamos solos, hablamos con nosotros mismos, y ya ni nos damos cuenta de que solo rebuscamos entre la basura.

La ciudad está en ruinas y los caminantes de las sombras acechan.

Así es.

Al amanecer nos levantamos, lagañas al vuelo, en carrera frenética para ver si sale algo de agua de las cañerías. Llenamos la sala de botellas, tobos, botellones y palanganas. Nunca se sabe cuándo va a volver. Tanques de gasolina abandonados hay en todas partes, el combustible no es problema, pero el agua… el agua es otro asunto.

Cada vez tenemos que ir más lejos a buscar los alimentos. Gastamos más y más tiempo cazando lo que necesitamos para comer. Las latas viejas son un premio, la leche causa de llanto (por alegría). Husmeamos en el interior de carros ajenos, en las bolsas de mercado, en las ventanas de otras casas a ver si tienen lo que no conseguimos. Papel de baño, café, azúcar. Pasamos por pilas de dinero sin prestarles atención. El dinero ya no sirve para nada. No tiene valor en una situación así. Es solo papel usado.

Nos inventamos rutinas para no volvernos locos, no arrancarnos los cabellos de la desesperación. Hacemos que vamos a la oficina, que cumplimos un horario, nos disfrazamos de normalidad. Vamos por las calles destruidas, con huecos, las construcciones abandonadas, la basura acumulada, la miseria, tratando de vivir. Simulamos. La verdad es que nuestro ser en su totalidad está preso de la sobrevivencia. A cada paso pensamos si no habrá una trampa de los caminantes, si no se caerá un edificio, si vamos a volver al resguardo de casa en la noche. ¿Vamos a estar mañana?

Algunos días nos levantamos en el baño, porque dormimos allí cuando empiezan los ataques nocturnos de los caminantes acorazados y tenemos que abrir el agua caliente para respirar algo mejor con el vapor. Nos lanzan gases, gruñen, arañan las paredes, tratan de que salgamos y nos pongamos a su alcance.

Hay que correr a encerrarse antes de la caída del sol. Sin excepción. Los caminantes ya no respetan puertas. No basta con dejarles señuelos de comida. Nada. La ciudad, una vez que llegan las sombras, son su dominio absoluto y ya no parecen querer cosas, parecen disfrutar enormemente con matar. Las sangre los fascina. Y como cada vez quedamos menos…

Al igual que el agua o la inocencia, no hay instituciones, o ley, u orden alguno. Gobierna el miedo y los caminantes. Andrajos y desenfreno destructivo.

Como Robert Neville. Nos cuentan que muy lejos, en otros países, hay vida normal y niños que se ríen en los parques y vives de lo que trabajas y puedes progresar. Que los pocos caminantes que se encuentran son confinados donde no pueden hacer daño y las leyes se cumplen. Cada vez es más difícil de creer. Debe ser un engaño. ¿Será posible que retomemos un rumbo civilizado? Lo dirán los historiadores.

Seremos exterminados

o seremos leyenda.



mayo 13, 2012

HERMANOS CHANG: Agencia de Detectives.

Una nueva colaboración para el Blog de Los Hermanos Chang.  CLICK AQUÍ

marzo 13, 2012

#SISPISQUIS


Si una lágrima de niño cae sobre #sispisquis, le destiñe el azul.

Hemos descubierto que si #sispisquis estornuda muy fuerte, el Nintendo de Santi se descarga.

Cuando #sispisquis ,por misteriosas razones, se marcha un tiempo, Santi no hace más que ver televisión.

Cada vez que Santi prefiere disfrazarse de IronMan en vez de dibujar, #sispisquis se marcha al balcón, mastica el aire y llora Kool Aid.

En casa ya no hay creyones azules. #sispisquis tiende a comérselos cuando le da insomnio.

A #sispisquis no le gusta Star Wars. Yoda le cae simpático, pero dice ceñudo que la luz y las espadas son cosas que no se pueden combinar.

A #sispisquis no le gusta Star Wars. Yoda le cae simpático, pero dice ceñudo que la luz y las espadas son cosas que no se pueden combinar.

Santi dice: a veces #sispisquis viene en helicóptero, pero aterriza en el edificio de enfrente porque cualquier excusa es buena para pasear.

#sispisquis puede avanzar levitando, pero camina siempre porque dice que no se pueden desperdiciar dos rodillas.

Cuando #sispisquis sueña, los fuegos artificiales se disparan solos.

A #sispisquis le gusta observar el dormir de la gente. Y curiosea dentro de sus sueños recopilando historias para su niño de turno.

Una vez creí ver a Santi levitar. Luego me explicó que estaba con#sispisquis jugando al caballito.

Si #sispisquis y Santi ríen al unísono, a los cuadernos de tareas se le caen las hojas.

#sispisquis pierde 7 cabellos cuando un niño llora. Porque el mundo es como es, lleva ya 132 años calvo.

Si #sispisquis , en modo invisible, pisa un juguete de pilas no prende más. Un problema de los amigos imaginarios con pies planos.

A #sispisquis no le gusta nada que a la tristeza le digan "blue"

#sispisquis ha sido amigo imaginario de 6.382 niños y aún se emociona cuando parte en busca de uno nuevo.

#sispisquis es un nómada. Permanece con un niño mientras cree en él. Apenas los adultos le rompen la fé se marcha en busca de inocentes.

Cuando #sispisquis estornuda (es alérgico a la mala leche) se encienden los juguetes a control remoto y se apagan los inciensos de varita.

#sispisquis lloró una vez frente a mí. Escuchaba "imagine" de Lennon y sus lágrimas marcaron el granito.

#sispisquis puede ver en la oscuridad, con exceso de luz... Y las malas intenciones y los sueños rotos.

#sispisquis usa medios de transporte nuestros (helicóptero, avión, carro). También aparece de la nada o está pero no logro verlo (Santi sí).

#sispisquis tiene uno de sus azules brazos más largo que otro para poder sobarse cuando le duele el alma.

#sispisquis es azul, como de mi tamaño (1.80m) y tiene la capacidad de parecer hombre o mujer aparentemente a voluntad.

#sispisquis es el amigo imaginario de mi hijo y un día no volvió porque se enfermó al tragarse una maceta (según Santi)

EL TATUAJE DE HUG.


ESTA ES LA ÚLTIMA COLABORACIÓN AL BLOG DE LOS HERMANOS CHANG. TIENDA DE TATUAJES, FEBRERO 2012. TODOS LOS TEXTOS Y EL EDITORIAL VALEN LA PENA Y ESTÁN AQUÍ

Hug mandaba. Mandaba de más. Mandaba desde hace mucho. Es más, mandaba desde hace demasiado.

Hug abusó, abusaba y abusaría de su poder, estaba visto. Con su porte de gorila lampiño e hinchado, no dejaba títere con cabeza y los pocos que la conservaban estaban a punto de que les explotara por el exceso inacabable de los gritos de Hug. Dueño de los medios para obligar a todos a escucharlo, podía lanzarse 9 horas de insultos, amenazas y también de cantos, joropos, comentarios ignorantes y gran, pero gran cantidad de intragable paja.

Hug, el gorila Hug. El hinchado, lampiño gorila Hug.

El gorila Hug tenía también otro problema que por mucho mandar y mucho grito y mucho golpe de puño en el pecho, no podía ocultar: A la hora de la verdad, el miedo le ganaba. No una, sino varias veces había sido patente y claro para toda la población de la comarca. Estaba grabado en video. Lo habían visto todos en vivo. Cuando la situación se ponía en verdad jodida, Hug arrugaba. Se entregaba. Lloriqueaba. Pedía perdón. Se le aflojaban los esfínteres.

Esa cobardía generaba varias grietas en su carácter:

  1. Lo hacía querer parecer más macho, más grande, enseñar más los dientes... mientras el viento soplara a su favor.
  2. Lo hacía ser profundamente supersticioso.

Oh sí. Hug el supersticioso. No salía sin su escapulario fijado con imperdible en el interior siempre amarillo. Hug había hecho que ejércitos de santeros le hicieran todos los trabajos de protección existentes. Hug había roto el descanso eterno del padre de la patria para darle materia prima ósea a los brujos que lo rodeaban. Y luego el miedo lo asediaba pensando en que el prócer pudiera vengar el sacrilegio.

Hug seguía designios, hacía que le leyeran el tabaco, la borra del café, La mano, el agua, un huevo, las cartas, el I Ching, el blanco del ojo, los caracoles y hasta la línea de los mocos al sonarse el primer lunes de cada mes en ayuno.

Por miedo.

Se tomaba una “agüita” de libertador todas las mañanas, que era un vaso de agua puesto toda la noche al sereno y en cuyo fondo oscilaba melancólico un metacarpo del héroe independentista. Lo empinaba hasta que el huesito le pegara en los dientes y lo dejaba así hasta la noche siguiente en que lo llenaban de nuevo dejando la reliquia en remojo.

Por eso ni se inmutó cuando le dijeron que debía tatuarse una “C” en la planta del pié. Vainas peores había tenido que hacer para mantenerse en el poder.

Una “C” que era el apellido de su más cercano contrincante por el poder en La comarca. Una “C” de conspirador, de cretino, de coñoemadre. Y en la planta del pie le aseguraría al gorila Hug que el contrincante permanecería pisado por su poder hasta el fin de los días, hasta que la piel de Hug desapareciera convertida en polvo.

Asintió lo que la papada le permitía y se hicieron los arreglos para ir a un tatuador discreto y de primera categoría.

...........................

El maestro Chang sonrió apenas cuando el gorila Hug finalmente llegó al estudio tres horas después de haber sido tomado militarmente por tres anillos de seguridad. Hizo una ínfima reverencia y le pidió que se recostara en la camilla.

Hug trataba de bromear y mostrarse poderoso y despreocupado aunque sudaba un poco. Volvía el miedo, pero este era manejable.

-¡Eh, mister Chang! Que quede bonita esa letra que quiero pisarla bien.

-Lo que destino me permita, excelencia.

-¿Cómo es eso?¿No me asegura que quede bien?

-Yo haré perfecto - dijo Chang sonriente - pero destino manda. Tinta dibuja, tinta muestra, pone en evidencia, sigue caminos subterráneos. Yo hago perfecto, luego ella descubre.

-¿De qué coño habla este chino?¡Chigüire, qué vaina es ésta!

El asistente lo calmó. La milenaria cultura hace que hable así. Es en sentido figurado, del concepto del tatuaje, no se preocupe. El hombre se relajó algo en la camilla.

-Yo no puedo ver, Chigüire. Ponte allá y si te parece que no es una “C” clarita, le das un coñazo y me lo sacas de encima.

Fue una “C” clarita y hermosa. Con ribetes y florituras. Una “C” que permaneció así 12 días y 2 horas.

El final de la letra empezó lentamente a subir. No se veía crecer, pero cuando Hug volvía al espejo, el final era más largo. Y más. Y subió y bajó. Cruzó. Y Hug no pudo gritar, no pudo volver a mostrárselo a nadie porque no podía con el horror y la vergüenza. Jamás nadie volvería a verlo.

Y el tatuaje completó la primera palabra y no paró. Otra y otra. La misma, encadenada una y otra vez. Rodeando el pié. Pegadita una línea de la otra. Un rosario de la única palabra que llegó a sus partes y tapizó la panza inmensa y siguió y siguió. Brazos, espalda, todo. Sólo las manos y la cabeza libres de la afrenta. Al menos de manga larga y completamente vestido podía mostrarse. Pero nunca más ante otro ser humano desnudo. Nunca más.

Mandó a buscar a Chang para matarlo con sus propias manos pero el local ya estaba vacío.

-Tinta muestra. Pone en evidencia.

-Grandísimo hijo de la gran puta.

Usando de inicial la misma “C”, en caravana, Hug el gorila veía su cuerpo marcado para siempre. De arriba a abajo, sin piedad alguna, una y otra vez, bien criolla como le gustaban, tres millones, cuarenta mil, cuatrocientas cuarenta y nueve veces: Culillúo.

Tropi-Christmas




ESTA ES OTRA COLABORACIÓN AL BLOG DE LOS HERMANOS CHANG. BAZAR NAVIDEÑO, DICIEMBRE 2011. TODOS LOS TEXTOS Y EL EDITORIAL VALEN LA PENA Y ESTÁN AQUÍ

Los estereotipos son un asco. La navidad está llena de estereotipos. Saque usted sus conclusiones.

Nuestro país, que ya sufre la maldición estética revolucionaria con estrellas-fondo-rojo por doquier cuando no amplísimas variaciones de mezcolanza tricolor (también con estrellas pero OCHO, ¡OCHO! no-te-vayas-a-equivocar) acaba por caer en coma de buen gusto apenas asoma noviembre con la sobredosis “adornante” de nieve y abrigos y pinos escandinavos sobre la capa previamente detallada de motivos bicentenarios-autóctonos-sovieticosos en refulgente technicolor.

Así vemos superponerse capa sobre capa de cursilismo gráfico y visual de muy difícil digestión.

Entiéndase bien, no soy una versión criolla del Grinch (aunque me han acusado de tener el mismo carácter). No. Tengo un hijo pequeño y disfruto su emoción por la Navidad. Pero esta tropi-Christmas me cuesta mucho digerirla.

Y no lo estoy diciendo porque me han echado los chismes. Lo viví como protagonista. No hace tanto tiempo, un fin de año de esos en que el dinero escaseaba y la quiebra me seguía oliéndome el trasero cual cacri, acepté hacer de San Nicolás en un Centro Comercial. En Nueva York no, en Valencia, estado Carabobo. Debía meterme en el pellejo de Santa Claus en la ciudad industrial de Venezuela.

Ahora imagínese usted a un ser inocente y todo candor, abrigado para soportar la crueldad del frío del Polo Norte, acostumbrado solo a regalar y sonreír, que pasa su vida hablando con duendes o con renos, en un “Mall” frente a una construcción de Metro abandonada 2 años y a 34 grados a la sombra allende la autopista regional del centro, en la Avenida Bolívar de Valencia.

¿Qué puede ser de ese señor?

Pues ese señor, primero, suda como cerdo en su propio sábado. Destila agua salada. Es todo una gran glándula sudorípara. El peluche de la barba se le mete, húmedo e impresionantemente pegajoso, a la comisura de los labios, al interior de los párpados, repta resbalosamente por los huecos de su nariz y le provoca sarpullido.

Ese señor empieza su aventura del otro lado de la construcción abandonada, es decir, con un boquete en la calle de ocho metro de ancho, diez de profundo y cientos de metros de largo enfrente, relleno con 2 AÑOS de lodo, basura, larvas de mosquito y, juro que lo ví, algunas babas distraídas.

Ese señor camina medio kilómetro hasta un cruce de endeble madera y finalmente llega al Centro Comercial. Desde que arriba a las afueras del templo de consumismo, los niños lo miran estupefactos, se acercan con mezcla de emoción y temor, los papás le lanzan algún tripón con las manos llenas de “chigüí” que le tiñe partes de la barba-peluche de naranja fosforescente, algún gracioso quinceañero le pellizca el relleno de la nalga y le sacan decenas de fotos con teléfonos celulares.

Porque debo aclarar que en aquella época yo pesaba unos 52 kilos y me podían contar las costillas sin tocarme. Así que para encarnar al rozagante polo norteño debía rodearme de almohadas y bolsas de relleno de cojín. Arriba, el abrigo peluchístico rojo y blanco, gorro, botas, cinturón y detalles de semi-cuero y unos lentes de la tía de alguien que tenían graduación (siendo yo 20/20) así que además de sufrir al menos 10 grados más que los 34 de la calle, yo no veía un carajo.

Pero volviendo a la historia central, una encargada del “Mall” (léalo en castellano y así era como yo lo vivía) rescata a ese señor y lo lleva a su trono. El señor piensa que dentro del Centro Comercial mejorará su sufrimiento pero pronto nota que el Aire Acondicionado no funciona, que el “Mall” tiene el triple de gente de lo que su capacidad permite y que el bendito trono también es de semi-cuero, por lo que el calor no ha hecho sino comenzar.

El pino, al lado del trono, ya es marrón, porque NO ESTAMOS EN CANADÁ y lo cortaron en agosto para meterlo en un conteiner, viajó hasta Suramérica y fue puesto como adorno más o menos en la tercera semana de octubre. No solo no es verde, sino que pincha porque está seco. Pincha sobre el peluche de la barba del señor, sobre su sarpullido y sobre la madre que lo parió.

Al señor lo tienen amenazado. Le controlan hasta el lenguaje. Él quisiera decir, venezolanamente: Coño, pana, no me jodas, qué calor. Pero eso debe decirlo traducido al polo norteño. Y eso en polo norteño se dice: Jo. Jo, Jo.

“Quítateme de encima de la rodilla, carajito pendejo, que tú tienes por lo menos 17 años” se dice: Jo Jo Jo

“Tú sí te puedes sentar en mis piernas mamita, con bebé y todo”: Jo Jo Jo

¨Coño, se me desprendió la barba”: Jo Jo Jo

“Qué chimenea, muchacho pajúo, aquí no hay de esas vainas. Entraré a las casas como hago el resto del año, con patae`cabra”: Jo Jo Jo

A ese señor, le ponen un enano al lado disfrazado de duende (o sea, vestido de verde) con prontuario policial que a los pocos minutos le susurra que si le guarda unas carteras que le robó a los visitantes entre el relleno, porque él es muy chiquito y se le pueden notar en el disfraz.

A ese señor le ponen una corneta enorme al lado del trono, con melosas canciones navideñas en inglés a toda mecha a dos cuartas de la oreja y le piden que sonría.

A ese señor, en el momento cumbre de su presentación, le empiezan a lanzar una especie de espuma de afeitar en espray que se supone que es “nieve” y le insisten en que sonría.

Ese señor se paró de pronto al grito de: “el coño de la madre”, se sacó el abrigo con relleno y todo, dejó esparcidas unas 7 carteras robadas, empujó a 4 niños y dos embarazadas y salió corriendo para no volver, lo que significa que tampoco cobró.

No me pueden pedir que me guste esta fiesta-melcoha-gringocristiana región 4.

Lo único en que no le gana a una fiesta nuestra y sin espejismos bajo cero, es que la verdad, ganarse una plata en diciembre vestido de Niño Jesús, podría ser más fresquito, pero mucho más jodido porque tendrías que estar echado en un montón de paja, en pañales y no podrías esconder tu identidad tras la barba de peluche.

septiembre 19, 2011

Gabinete profético LOS HERMANOS CHANG.


Orgullosamente les presento mi segunda colaboración con las preclaras mentes creadoras del Universo de los Hermanos Chang. El link para el blog completo, que merece la pena ser revisado todo es AQUÍ.
El link directo a mi humilde colaboración es AQUÍ.
Espero lo disfruten y lo difundan.

septiembre 14, 2011

EL EXILIO.


Unas semanas atrás, un amigo de redes (aún no lo conozco en persona), Ricardo Ramírez Requena, venezolano, invitaba a sus contactos en Facebook que vivieran fuera de Venezuela a escribir sobre el exilio. Quería abrir un blog donde se indagara sobre esa experiencia. Le mandé un texto, que copio a continuación, y los invito a visitar ese blog que recién empieza: LA ADUANA. BOARDING PASS

Mi texto:
De Exilios y Extrañamientos. SIN REVERSA.


Hace unos días, estaba sentado en la oficina de un amigo dueño de una productora. Hablábamos de un par de proyectos en conjunto y se levantó de su silla para atender un asunto con una de sus empleadas. En esos minutos esperando en su oficina, revoloteando con la mirada sobre la biblioteca de “El Potrillo” (así le dicen porque se llama Alejandro Fernández. No canta. Hasta ahí los parecidos), veo un lomo que me resulta familiar. Blanco, la tipografía del título es manuscrita y corrida, a lápiz y la reconozco de inmediato: ¿Qué hace un libro de Pedro León Zapata en la biblioteca del Potrillo en Ciudad de México? Me levanto, tomo el libro y efectivamente, es una recopilación de Zapatazos. Lo abro y busco en las primeras hojas alguna pista de su origen y la encuentro: Una dedicatoria. El libro se lo regalé en el 2006. Yo se lo regalé.

Esta anécdota, encierra, para mí, el significado de migrar. Es un intercambio de vida, donde uno acerca a muchos su bagaje y recibe otro que no hace más que ampliar los horizontes. ¿Qué posibilidad habría de que “El Potrillo” hubiera conocido a éste Zapata?¿De qué otra forma yo me habría relacionado con un “potrillo” que habla?
Nunca hubiera conocido la profunda verdad del “ser venezolano” si no me hubiera ido. Ese distanciamiento necesario del que hablan muchos escritores (Cortázar, por ejemplo) que sólo pudieron escribir de los suyos en la distancia, es un concepto que no se puede entender hasta que te vas y miras ese lugar que es tu génesis desde lejos.
Descubrir tu acento, sin ir más lejos. Darte cuenta, a punta de no estar, que en la calle oyes una forma de hablar diferente y reconoces que por ahí está pasando un venezolano. Llegar a darte cuenta de que, en ocasiones, no tienes siquiera que oír el acento: ves de lejos a alguien que camina y gesticula de tal manera que sabes que es un compatriota. 
Yo me marché hace 11 años. No me fui por Chávez, ni por la inseguridad, que ya la había vivido en carne propia. Me hicieron una oferta de trabajo que no fui capaz de rechazar. Así de simple. Me marché con mi esposa a ver qué tal. Y mientras trataba de adaptarme al nuevo entorno, mientras aprendía a no decir ¡Verga! cada dos minutos (que aquí es una palabrota mayor) y bajaba la velocidad del habla porque no me entendían, la Venezuela de la que me fui desapareció. La mataron a puñetazos rojos. Le desfiguraron la cara y el alma.
Y aunque sé que hay una Venezuela afín que sigue, que lucha, que se deprime y luego se vuelve  esperanzar, que intenta retomar algún camino al futuro, once años después, no es ni volverá a ser el país del que me fui. Y no hablo de un sistema político que también estaba lleno de sinsentidos. Es algo más profundo y difícil de expresar. Puedo ir al país donde está mi familia, donde hay tantos amigos que extraño, donde hay un Avila como el que recuerdo y el cielo tiene unos colores y una nitidez que no he visto en ningún otro lugar, pero no puedo volver al país del que me fui. Ese no existe. Y a medida que pasa el tiempo, no sé que voy a sentir al enfrentarme al que hoy es.
Mientras tanto, hay una gran cantidad de cosas a las que me he acostumbrado y que no son venezolanas. Tengo un hijo nacido en México y ese sí es un lazo indestructible. Tengo un matrimonio de 14 años que sólo 3 pasaron en Venezuela. Hay lugares que me encantan, gente maravillosa y una historia fascinante aquí. Hay una patria adoptada en gestación.