marzo 03, 2008

INOCENCIA



Un día más de trabajo ordinario en la agencia. Sebastián se acerca a Ricardo que dibuja desaforadamente en el cuaderno de bocetos pequeños dibujos conceptuales que el mundillo publicitario saca de CD´s recopilatorios y usa en sus avisos. Los suelen llamar “cliparts”, con esa maña que tienen ellos de llamar todas las cosas en inglés, como si eso fuera más profesional. Total que Ricardo hace cliparts y Sebastián lo observa cuidadosamente. “Son buenos”- dice y Ricardo agradece humilde. Allí Sebastián se lanza toda una disertación enorme sobre lo lucrativo que puede llegar a ser llamar a la empresa de los CD´s y ofrecerle los cliparts contra jugosa remuneración y que ello sería estupendo negocio por algo que Ricardo igual hace pero por puro ocio. Ricardo, inocente como es, le dice que no sabría contactar a la empresa comercializadora de CD´s con cliparts. Sebastián entonces le dice que no sea tonto, que internet es una maravilla para eso de contactar y que él podría enviar los cliparts a los interesados por ese cable intangible que llaman red. Ricardo accede, no con mucha emoción, y entrega su cuaderno de cliparts al Sebas.

Aquí aumentan las diferencias abismales entre los dos hombres porque Sebastián se pone inmediatamente manos a la obra y se conecta en la red, conversa con los señores-extranjeros-vende-CD´s y conviene en una jugosa suma por cada dibujito (sí, en definitiva son sólo dibujitos). Todo esto por medio de una sarta de patrañas en las que Sebastián queda como el autor directo de los cliparts ante los americanos y para Ricardo como un amigo preocupado y diligente que le consiguió ingresos iguales a 15 dólares por dibujito cuando el Sebas cobra en realidad 150 dólares por cada pequeña obra (clipart, pues. O dibujito).

Pasa el tiempo y Ricardo feliz compra algunas golosinas y juegos de playstation con su ingreso extra mensual a cambio de pasarse las madrugadas dibujando como poseso por lo que cada golosina significa un centímetro de ojeras y cada juego tres arrugas y 15 bostezos diarios, mientras el buen Sebas compra casas, carros y trajes Armani, viaja por el mundo y se retira de la agencia para atender sus muchos negocios sin ojeras y sólo algún bostezo porque sí se acuesta tarde debido a tanta fiesta y tanto brindis en su honor.

Cierto día, años después, aparece Ricardo muerto de un muy fulminante paro cardíaco frente a los casilleros de correo de su apartamento con una revista de diseño por suscripción arrugada en las manos que muestra en portada al diligente y buen amigo Sebastián rodeado de los dibujitos de Ricardo en una lujosa oficina y señalado en grandes letras amarillas como el autor de los cliparts más vendidos en CD alguno en la historia del diseño gráfico y el ilustrador más rico del planeta y sus alrededores gracias a su talento ilimitado.

Al entierro de Ricardo van todos sus amigos de la agencia porque fuera de su trabajo no tenía muchos afectos. Sebastián paga una hermosa corona del color de las letras de la portada de la revista que tenía Ricardo en sus manos al momento de morir y fumándose un cigarro en la sala de la funeraria ve a Raúl, Director de Arte de la misma agencia que con lágrmias en los ojos dibuja compungido en su cuaderno lindos dibujitos conceptuales. Sebastián se acerca y lo observa cuidadosamente. “Son buenos”- dice y Raúl agradece humilde. Allí Sebastián se lanza toda una disertación enorme sobre lo lucrativo que puede llegar a ser llamar a la empresa de los CD´s y ofrecerle los cliparts contra jugosa remuneración y que ello sería estupendo negocio por algo que Raúl igual hace pero por puro ocio. Raúl, inocente como es, le dice que no sabría contactar a la empresa comercializadora de CD´s con cliparts. Sebastián entonces le dice que no sea tonto, que internet es una maravilla para eso de contactar y que él podría enviar los cliparts a los interesados por ese cable intangible que llaman red. Raúl accede, no con mucha emoción, y entrega su cuaderno de cliparts al Sebas.
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