abril 12, 2009

RASPIKUÍS.


Seres de la noche y la entrevela, de despertares inciertos entre el miedo y la ternura. Habitantes milenarios de los escondrijos de los tepuis, magnánimas montañas truncadas del macizo guayanés. Primos de los Cronopios y nietos de Goblins y Duendes. Mezcla de bufón y sicario, de abrazo cálido y zarpazo. Fuertes y nobles, pequeños guerreros de los siglos, inquilinos de las sombras, amigos de los perdedores, los borrachos y los cuentacuentos. Recelosos con los niños porque en ellos perciben un poder mayor del que pueden soñar. Burlones con los adultos porque saben que el poder lo tuvieron y ya no supieron aprovecharlo. Durmieron borracheras memorables bajo prehistóricos arbustos en la Sima Aonda y se extendieron en campañas por toda la geografía nacional. Acompañaron a los caribes en sus luchas y se confabularon siempre contra el hispánico conquistador. Inventaron El Dorado y La Sayona, corrieron con lámparas por las callles coloniales infundiendo el miedo y le contaron en sueños a Bolívar lo que era ser libre. Hoy, ya perdieron la fé en nosotros y ven desde la obscuridad el desastre que hemos provocado en nuestro generoso país. Pero están ahí, esperando que alguno de nosotros vuelva a soñar para invadirnos con su sabiduría milenaria, con sus dotes de estrategas, con su arte de vivir en armonía con la tierra, de respetar sus secretos y vivir de ellos. Yo los he visto, posaron para mí. Míralos y aprende. Tal vez eres tú el que puede volver a soñar.
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